lunes, junio 04, 2012

presa radioactiva


“Cuando te hablen de amor y de ilusiones, y te ofrezcan un sol y un cielo entero, si te acuerdas de mi, no me menciones, porque vas a sentir (¿?)  amor (¿?) del bueno (¿?)”

Cada vez que uno termina una carrera pedestre pasa por una serie de sentimientos y procesos físicos muy parecidos a las relaciones que tienen que ver con el amor y cosas de estas.
Cuando corro la mayor parte del tiempo no lo hago con muchísima alegría porque hay que hacerlo y hay que enfrentarse al dolor de rodillas, piernas, tibiales, etc. Los primeros dos kilómetros casi siempre me quiero rajar, siempre voy “muinosa” y pensando “¡¿quien me trae aquí!?” y me quejo (muy para mis adentros) del calzado, de la altura del sol, etc. pero tal como la vida así empieza uno las relaciones laborales, de amistad pero sobre todo las de amor, con la incertidumbre si te vas a caer y rasparte las manos, rodillas, cara, dignidad etc. Cuando vas pasando el proceso de la carrera, te vas “escaneando” fisicamente, llegando a la conclusión de que la mente siempre se raja antes que el cuerpo, porque sí bien el dolor lo sientes desde el primer momento, las satisfacciones que se van viviendo en el recorrido son muchas. Tal como en todas las carreras, siempre habrá alguien mejor que tu, alguien no tan bueno, aquellos que comienzan y que en un momento determinado te sorprenden dando mejores resultados que los propios, aquellos que se quedan en el camino, otros mas que conoces en el inter y llegas a amar y a tomar lo mejor de los momentos compartidos y aquellos que jamás llegaras a conocer y con los que solo te tocará pasar a su lado.
Ahora,  me toca dar gracias por lo vivido porque si bien es cierto que soy terca para todo, eso mismo me ha ayudado a ser quien soy ahora, con muchos defectos, virtudes  errores, logros, aciertos, etc.
¡Vida, ahí andamos casi casi tablas eh!

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